El otro día, en un ataque de locura, gasté $94 en la verdulería y $130 en la dietética (ambas, golazo para quien está pasando por esta transición alimenticia, quedan a la vuelta de mi casa). Compré de todo. De todo de verdad. El sensual vendedor de la dietética debe haber pensado que estoy loca, porque nadie en su sano juicio compra semejante cantidad de semillas y polvos mágicos.
Volví a mi casa feliz como un niño con juguete nuevo, llena de ideas.
La primera que les quiero comentar es este super-pan que un poco inventé y un poco le robé a esta persona. La razón para este superpan es una sola: mi hermana (de ocho años) está a dieta porque tiene alto el colesterol. Ante esto, me dije "algo tengo que cocinarle a esta pobre criatura". Pero parece que los pediatras y nutricionistas infantiles no entienden mucho de niñez... no la dejan comer galletitas, ni pastelitos, ni muffins (ni siquiera integrales). El único panificado que come es pan de salvado. Me puso tan mal esa información que pensé que si lo único que puede comer es pan integral, le tenía que hacer el pan integral más genial de la vida.
Había comprado mil cosas, pero no levadura, y me sobraba un sobrecito de levadura en polvo de una vez que había usado. No me gusta mucho usar levadura en polvo, simplemente porque reduce el tiempo de amasado, que es lo que más me gusta de hacer pan. Pero era lo que tenía (y no iba a salir de nuevo), así que busqué recetas con levadura en polvo. Terminé haciendo cualquier cosa que no era lo que decía la receta: en vez de harina integral usé harina blanca y salvado de trigo y avena (en partes iguales), y usé bastante menos agua de la que decía la receta (vaya a saber por qué...).
Ahora bien, el tema de la harina integral parece que es delicado. A mí, kamikaze y ansiosa, no me importa nada, pero según los especialistas no se puede meterse directamente en el tema de masas integrales que llevan levado. Hay que irse pasando de a poco de la harina blanca a la integral, porque la integral no leva tanto. Yo le mandé mitad y mitad y recé. Y dejé el pan levando como tres horas. Alguito levó, pero no soy muy pretensiosa, así que lo mandé así.
Después de cansarme de esperar que leve, lo desgasifiqué y le puse todas las semillas que como una loca había adquirido en la dietética: girasol, lino, sésamo integral y chía. Chicos: LA CHÍA ES LO MÁS. Ya sé que ya lo había dicho, pero no me canso. Es lo mejor para bajar el colesterol. Así que le puse muuucha chía, y mucho girasol, porque me gusta mucho.
Puse el pan en un molde para budín, para que quedara como si fuese el lactal (así no se introducía en la vida de mi hermana como un cuerpo extraño), lo pinté con agua y le puse semillitas por arriba para que quedara canchero. Unos 40 minutos al horno a 180º, Háganlo, tostado es lo más, y desayunarlo con un buen dulce de frambuesas creo que debe ser muy parecido a la gloria.
Los demás superhéroes, en próximos posts. Mi mente está constantemente trabajando!
jueves, 29 de agosto de 2013
viernes, 23 de agosto de 2013
Galletas de coco y chocolate: las galletas que merienda DIOS
Hay ciertos momentos de tu vida en los que necesitás comer algo dulce. Pero no es que "querés" algo dulce. No. Lo NECESITÁS. Con todo el cuerpo. Te agarra una ansiedad que no podés controlar, te tiemblan las piernas, te ponés a llorar... ah, sólo a mí me pasa eso? Ok, voy a tratar de hacerme ver.
De todas maneras, la cuestión es que cuando empecé a cambiar mis hábitos de alimentación y me agarraban estos ataques de pánico, me comía una mandarina. Y después... me comía otra mandarina. Y después una manzana. Y así hasta que le entraba a las galletitas de alguna otra persona. Mi punto es que hay momentos en los que no sólo necesitás algo dulce: necesitás algo bien dulce.
Ante esta desoladora situación me pregunté: ¿y cómo cornos hago para comer algo que me caiga bien pero a la vez que me calme el hambre? Y empecé a hacer ciencia. Lo que me cae mal debe ser la manteca. Así que busqué recetas sin manteca. Para que aplaque a esta bestia, necesita chocolate. Y para que sea digno de este blog que con mucha categoría mi amiga DV revalorizó, necesita ese no sé qué que qué sé yo. Y como no encontraba una receta que cumpliera todas esas cualidades, hice algo parecido a esta receta, pero le agregué un toque de magia.
Como van a ver, esta receta no lleva huevo. Sí, ya sé. Sí, son veganas, qué esperabas?
Cuestión que se desmoronaban. Onda el Muro de Berlín. Onda el Glaciar Perito Moreno. Pero no quería ponerles huevos, quería que fueran veganas, bien veganas. Y obvio, ¿qué mejor para la veganidad de algo que agregarle semillas?
Chicos: LA CHÍA ES LO MÁS. De todas las cosas buenas que tiene este mundo, la chía es la mejor de todas. Es riquísima. Te ayuda a bajar el colesterol. Es divertida de comer. Y lo más importante (para mí, y en esta oportunidad: se gelatiniza. Haga la prueba, doña: ponga en un vaso con agua unas semillas de chía. Al toque tiene un moco transparente muy poco agradable a la vista en el que nadan (o intentan nadar) nuestras amigas las semillas. Sí, es un asquete, pero a mí me sirve para subsanar la falta de huevo (en la cocina, eh, del otro tengo un montón).
Así que les puse chía, nomás. El resultado es esta genialidad maravillosa.
Última aclaración: noten también en la receta que el autor NO LES DICE A QUÉ TEMPERATURA TIENE QUE ESTAR EL HORNO. ESTA CLASE DE PERSONAS MERECE ARDER EN EL INFIERNO, DONDE TODOS SABEMOS QUE EL CASTIGO ETERNO ES ADRIANA AGUIRRE CANTANDO CANCIONES DE ARJONA A VIVA VOZ.
Así que, pebete, pebeta: horno bajito. 160º. Un rato más de lo que dicen ahí de 15 minutos. Te va a parecer que están blandengues y crudas, pero cuando se enfrían se endurecen y quedan deliciosas.
Que les aproveche
De todas maneras, la cuestión es que cuando empecé a cambiar mis hábitos de alimentación y me agarraban estos ataques de pánico, me comía una mandarina. Y después... me comía otra mandarina. Y después una manzana. Y así hasta que le entraba a las galletitas de alguna otra persona. Mi punto es que hay momentos en los que no sólo necesitás algo dulce: necesitás algo bien dulce.
Ante esta desoladora situación me pregunté: ¿y cómo cornos hago para comer algo que me caiga bien pero a la vez que me calme el hambre? Y empecé a hacer ciencia. Lo que me cae mal debe ser la manteca. Así que busqué recetas sin manteca. Para que aplaque a esta bestia, necesita chocolate. Y para que sea digno de este blog que con mucha categoría mi amiga DV revalorizó, necesita ese no sé qué que qué sé yo. Y como no encontraba una receta que cumpliera todas esas cualidades, hice algo parecido a esta receta, pero le agregué un toque de magia.
Como van a ver, esta receta no lleva huevo. Sí, ya sé. Sí, son veganas, qué esperabas?
Cuestión que se desmoronaban. Onda el Muro de Berlín. Onda el Glaciar Perito Moreno. Pero no quería ponerles huevos, quería que fueran veganas, bien veganas. Y obvio, ¿qué mejor para la veganidad de algo que agregarle semillas?
Chicos: LA CHÍA ES LO MÁS. De todas las cosas buenas que tiene este mundo, la chía es la mejor de todas. Es riquísima. Te ayuda a bajar el colesterol. Es divertida de comer. Y lo más importante (para mí, y en esta oportunidad: se gelatiniza. Haga la prueba, doña: ponga en un vaso con agua unas semillas de chía. Al toque tiene un moco transparente muy poco agradable a la vista en el que nadan (o intentan nadar) nuestras amigas las semillas. Sí, es un asquete, pero a mí me sirve para subsanar la falta de huevo (en la cocina, eh, del otro tengo un montón).
Así que les puse chía, nomás. El resultado es esta genialidad maravillosa.
Última aclaración: noten también en la receta que el autor NO LES DICE A QUÉ TEMPERATURA TIENE QUE ESTAR EL HORNO. ESTA CLASE DE PERSONAS MERECE ARDER EN EL INFIERNO, DONDE TODOS SABEMOS QUE EL CASTIGO ETERNO ES ADRIANA AGUIRRE CANTANDO CANCIONES DE ARJONA A VIVA VOZ.
Así que, pebete, pebeta: horno bajito. 160º. Un rato más de lo que dicen ahí de 15 minutos. Te va a parecer que están blandengues y crudas, pero cuando se enfrían se endurecen y quedan deliciosas.
Que les aproveche
miércoles, 21 de agosto de 2013
Hamburgumbres
Bueno, estamos a full.
Hoy hice por primera vez hamburguesas de lentejas, retomando
la entrada de enero de La Tostadense. Son muy sabrosas y nutritivas. La receta
es un poco inventada porque las que busqué en internet tenían huevo o ingredientes
que no tenía en casa. Puse a hervir las lentejas hasta que quedaran bastante
blanditas (compré unas que no hay que dejar reposar por horas). Piqué ajo,
cebolla y morrón bieeen chiquito y rallé una zanahoria y mandé todo a la
sartén. Escurrí bien las lentejas y las pisé con un pisapapas porque no tengo
procesadora. Igual, me parece que está bueno no pisarlas demasiado, que se note
que alguna vez fueron legumbritas. A esta pasta le sumé las verduras
que estaban en el/la sartén. Ahí hay que esmerarse con las especias: comino,
orégano, perejil picado, pimentón, lo que haiga. También se puede agregar pan
rallado, o algún cereal (LT recomienda cebada, yo pienso en la avena lista)
para darle más consistencia. Yo no tenía nada de esto entonces le agregué
semillas de chía que, me parece, le suma glamour. Y, finalmente, armé las hamburguesas bien caseramente,
haciendo bolitas y aplastándolas con mis manos. Ojo, con delicadeza: la consistencia no es la de una hamburguesa de carne, la proto-hamburguesa grita "tratame bien". Yo las hice en la plancha, pero también
podrían ir al horno o en una sartén con poquito aceite. Vuelta y vuelta y a
comer. Recomiendo aderezarlas con mostaza que quedan de diez.
martes, 20 de agosto de 2013
Master of the tarta
Para contrarrestar el lunes de mil demonios que tuvimos ayer (hágase usted cargo del nosotros inclusivo), puedo decir, ahora que estoy en casa en pijamas y pantuflas y afuera truena, que hoy ha sido un gran martes.
Sentimentalismos aparte, voy a pasar a comentar (¿?) la receta que me inventé hoy que, sumada a las otras dos preparaciones que ya hice y freezé esta semana, me consagra como la gran master of the tarta del mes.
Esta tarta es genial para los que queremos comer livianito, con mil colores y riquísimo. Hoy es la primera vez que pruebo esta receta, así que voy a proponer posibilidades que no fueron comprobadas empíricamente, pero me animo igual porque el martes me levanta que da calambre.
El asunto es así: cortá dos zanahorias en rodajas finitas, un morrón en trozos más o menos visibles, una cebolla en juliana, una cebolla de verdeo. Echá las verduras en una sartén/wok con aceite calentito en ese orden. Mientras tanto, grillá unas berenjenas cortadas longitudinalmente (seguro hay tecnicismo para esto, JuanBra, tirame un centro). Podés grillar zapallitos también. A las berenjenas poneles sal para sacarle el gusto amargo y a las verduritas podés condimentarlas con sal y pimienta y alguna otra especia que se te venga en gana. Yo primero tenía la idea de poner las berenjenas así como estaban. Si no, podés cortarlas un poco más y sumarlas al wok con las otras verduras. A este wok, le ponés un poco de queso crema y ya estamos. Forrá la tartera con la masa y momento clave: rociá la tapa de tarta con una cucharada de pan rallado para que no se te humedezca mucho en el horno. Ahora sí, podés colocar las verduras sobre la masa. Para terminar, agregá tomates cortados en rodajas y, si querés pasarla bomba, unos pedacitos de muzzarella. Al horno y lista la tarta verdurísima!
Espero que les salga tan rica como a mí.
PD. Es extraño esto de hablarle a un lector irreal de esto que no es otra cosa que un bloc de notas.
Sentimentalismos aparte, voy a pasar a comentar (¿?) la receta que me inventé hoy que, sumada a las otras dos preparaciones que ya hice y freezé esta semana, me consagra como la gran master of the tarta del mes.
Esta tarta es genial para los que queremos comer livianito, con mil colores y riquísimo. Hoy es la primera vez que pruebo esta receta, así que voy a proponer posibilidades que no fueron comprobadas empíricamente, pero me animo igual porque el martes me levanta que da calambre.
El asunto es así: cortá dos zanahorias en rodajas finitas, un morrón en trozos más o menos visibles, una cebolla en juliana, una cebolla de verdeo. Echá las verduras en una sartén/wok con aceite calentito en ese orden. Mientras tanto, grillá unas berenjenas cortadas longitudinalmente (seguro hay tecnicismo para esto, JuanBra, tirame un centro). Podés grillar zapallitos también. A las berenjenas poneles sal para sacarle el gusto amargo y a las verduritas podés condimentarlas con sal y pimienta y alguna otra especia que se te venga en gana. Yo primero tenía la idea de poner las berenjenas así como estaban. Si no, podés cortarlas un poco más y sumarlas al wok con las otras verduras. A este wok, le ponés un poco de queso crema y ya estamos. Forrá la tartera con la masa y momento clave: rociá la tapa de tarta con una cucharada de pan rallado para que no se te humedezca mucho en el horno. Ahora sí, podés colocar las verduras sobre la masa. Para terminar, agregá tomates cortados en rodajas y, si querés pasarla bomba, unos pedacitos de muzzarella. Al horno y lista la tarta verdurísima!
Espero que les salga tan rica como a mí.
PD. Es extraño esto de hablarle a un lector irreal de esto que no es otra cosa que un bloc de notas.
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fiesta qué fantástica fantástica esta fiesta
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