viernes, 23 de agosto de 2013

Galletas de coco y chocolate: las galletas que merienda DIOS

Hay ciertos momentos de tu vida en los que necesitás comer algo dulce. Pero no es que "querés" algo dulce. No. Lo NECESITÁS. Con todo el cuerpo. Te agarra una ansiedad que no podés controlar, te tiemblan las piernas, te ponés a llorar... ah, sólo a mí me pasa eso? Ok, voy a tratar de hacerme ver.
De todas maneras, la cuestión es que cuando empecé a cambiar mis hábitos de alimentación y me agarraban estos ataques de pánico, me comía una mandarina. Y después... me comía otra mandarina. Y después una manzana. Y así hasta que le entraba a las galletitas de alguna otra persona. Mi punto es que hay momentos en los que no sólo necesitás algo dulce: necesitás algo bien dulce.
Ante esta desoladora situación me pregunté: ¿y cómo cornos hago para comer algo que me caiga bien pero a la vez que me calme el hambre? Y empecé a hacer ciencia. Lo que me cae mal debe ser la manteca. Así que busqué recetas sin manteca. Para que aplaque a esta bestia, necesita chocolate. Y para que sea digno de este blog que con mucha categoría mi amiga DV revalorizó, necesita ese no sé qué que qué sé yo. Y como no encontraba una receta que cumpliera todas esas cualidades, hice algo parecido a esta receta, pero le agregué un toque de magia.

Como van a ver, esta receta no lleva huevo. Sí, ya sé. Sí, son veganas, qué esperabas?
Cuestión que se desmoronaban. Onda el Muro de Berlín. Onda el Glaciar Perito Moreno. Pero no quería ponerles huevos, quería que fueran veganas, bien veganas. Y obvio, ¿qué mejor para la veganidad de algo que agregarle semillas?
Chicos: LA CHÍA ES LO MÁS. De todas las cosas buenas que tiene este mundo, la chía es la mejor de todas. Es riquísima. Te ayuda a bajar el colesterol. Es divertida de comer. Y lo más importante (para mí, y en esta oportunidad: se gelatiniza. Haga la prueba, doña: ponga en un vaso con agua unas semillas de chía. Al toque tiene un moco transparente muy poco agradable a la vista en el que nadan (o intentan nadar) nuestras amigas las semillas. Sí, es un asquete, pero a mí me sirve para subsanar la falta de huevo (en la cocina, eh, del otro tengo un montón).
Así que les puse chía, nomás. El resultado es esta genialidad maravillosa.

Última aclaración: noten también en la receta que el autor NO LES DICE A QUÉ TEMPERATURA TIENE QUE ESTAR EL HORNO. ESTA CLASE DE PERSONAS MERECE ARDER EN EL INFIERNO, DONDE TODOS SABEMOS QUE EL CASTIGO ETERNO ES ADRIANA AGUIRRE CANTANDO CANCIONES DE ARJONA A VIVA VOZ.
Así que, pebete, pebeta: horno bajito. 160º. Un rato más de lo que dicen ahí de 15 minutos. Te va a parecer que están blandengues y crudas, pero cuando se enfrían se endurecen y quedan deliciosas.

Que les aproveche

2 comentarios:

La Tostadense S.R.L. dijo...

bueno, ahora que veo que LO PRIMERO QUE ACLARA es a qué temperatura va el horno: NO. ES MAS BAJITO. jajaja

Unknown dijo...

Exquisitas. Doy fe.