Para contrarrestar el lunes de mil demonios que tuvimos ayer (hágase usted cargo del nosotros inclusivo), puedo decir, ahora que estoy en casa en pijamas y pantuflas y afuera truena, que hoy ha sido un gran martes.
Sentimentalismos aparte, voy a pasar a comentar (¿?) la receta que me inventé hoy que, sumada a las otras dos preparaciones que ya hice y freezé esta semana, me consagra como la gran master of the tarta del mes.
Esta tarta es genial para los que queremos comer livianito, con mil colores y riquísimo. Hoy es la primera vez que pruebo esta receta, así que voy a proponer posibilidades que no fueron comprobadas empíricamente, pero me animo igual porque el martes me levanta que da calambre.
El asunto es así: cortá dos zanahorias en rodajas finitas, un morrón en trozos más o menos visibles, una cebolla en juliana, una cebolla de verdeo. Echá las verduras en una sartén/wok con aceite calentito en ese orden. Mientras tanto, grillá unas berenjenas cortadas longitudinalmente (seguro hay tecnicismo para esto, JuanBra, tirame un centro). Podés grillar zapallitos también. A las berenjenas poneles sal para sacarle el gusto amargo y a las verduritas podés condimentarlas con sal y pimienta y alguna otra especia que se te venga en gana. Yo primero tenía la idea de poner las berenjenas así como estaban. Si no, podés cortarlas un poco más y sumarlas al wok con las otras verduras. A este wok, le ponés un poco de queso crema y ya estamos. Forrá la tartera con la masa y momento clave: rociá la tapa de tarta con una cucharada de pan rallado para que no se te humedezca mucho en el horno. Ahora sí, podés colocar las verduras sobre la masa. Para terminar, agregá tomates cortados en rodajas y, si querés pasarla bomba, unos pedacitos de muzzarella. Al horno y lista la tarta verdurísima!
Espero que les salga tan rica como a mí.
PD. Es extraño esto de hablarle a un lector irreal de esto que no es otra cosa que un bloc de notas.
1 comentario:
Ah! Me olvidaba. Si no querés que sea tan livianita podés mojar la tapa de arriba con leche y rociarla con una cucharada de azúcar para que te quede dulcecita. Ya sé, es todo tan genial.
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